La última publicación del Dr. Grinberg sobre la teoría sintérgica comienza con una referencia a la mecánica cuántica. Dice allí que esta considera que ni el átomo ni las partículas subatómicas son los constituyentes últimos de la realidad material. Por detrás de las partículas ínfimas indivisibles, como los quarks, existe todavía una realidad paradójica constituida por distribuciones energéticas probabilísticas. Este “orden implicado” está cargado de información y sugiere la existencia de una estructura pre-espacial, una matriz informacional y energética básica del cosmos. 

Para la teoría sintérgica la percepción es el resultado de una interacción compleja entre la estructura pre-espacial y el cerebro. En principio, la actividad de las neuronas genera un “campo neuronal”. Luego, el campo neuronal decodifica el “orden implicado” de la estructura pre-espacial y produce el “orden desplegado” de la percepción. Este orden desplegado se experimenta como constituido por objetos, formas, colores, sonidos, etc., incluido el espacio. 

Nosotros, en tanto perceptores, no registramos el proceso de la percepción ni su complejidad y asumimos que nuestros sentidos nos entregan datos primarios de un mundo exterior que existe de manera independiente. Pero, en realidad, la percepción es el resultado final de un proceso complejo de interacción entre el campo neuronal y el orden implicado de la estructura pre-espacial o lattice (“rejilla”).

El cerebro humano contiene 16.000 millones de neuronas, cada una de las cuales, a su vez, llega a tener hasta 10.000 conexiones sinápticas. La extraordinaria actividad de este universo celular súper-especializado y súper-conectado genera un campo energético. Si consideramos que la cifra de neuronas es más del doble que la población planetaria actual, podemos imaginarnos el efecto energético del campo neuronal. 

Así pues la estructura del pre-espacio es una organización informacional infinitamente densa en la que cada punto de la red (o lattice) contiene la información del conjunto y es afectado por las modificaciones que se producen en él. 

Pero la distribución informacional de la estructura pre-espacial varía en órdenes de complejidad dependiendo de la existencia o no de masas. La densidad de información o “coherencia informacional” disminuye con la cercanía de un objeto masivo y viceversa. Lo que percibimos como objetos es la decodificación de porciones del pre-espacio con baja coherencia informacional y lo que percibimos como espacio es la decodificación de porciones con alta coherencia. 

Al mismo tiempo la información de la red puede estar más o menos integrada, lo que llamamos “convergencia”, y la intensidad de la relación mutua entre sus elementos tiene grados de interconectividad. Cuanta mayor coherencia, convergencia e interconectividad diremos que hay mayor sintérgia. 

El término “sintérgia” es un neologismo acuñado por Grinberg para aludir a la combinación de tres conceptos: síntesis, sinergia y energía. En una estructura pre-espacial de elevada sintérgia no existen objetos, gravitación ni tiempo. En cambio, en un pre-espacio de baja sintérgia existen objetos, tiempo y fuerza gravitacional. 

Análogamente el cerebro es una organización informacional que presenta mayor sintérgia de acuerdo a su grado de coherencia, convergencia e interconectividad. Los procesos cerebrales de alta sintérgia se corresponden con pensamientos y experiencias de mayor nivel de abstracción, atemporalidad y unificación (como en la meditación y en la experiencia chamánica). Mientras que los modos de percepción y de pensamiento ligados a lo concreto, temporalmente condicionados y de baja densidad informacional implican estados de baja sintérgia. 

Mediciones de laboratorio confirman que existe una correlación entre los estados de mayor o menor sintérgia con el incremento o disminución de la conexión intra e inter-hemisférica del cerebro. 

Sin embargo la cualidad de la experiencia subjetivamente vivida no puede ser detectada en ninguno de los niveles de la actividad cerebral ni registrada por cambios eléctricos, bioquímicos o electromagnéticos. La rojez del rojo, la sonoridad del sonido o la sensación de placer, en tanto cualidades de la experiencia, sólo pueden ser experimentadas directamente. 

De la misma manera no existen cualidades en el pre-espacio: el sol emite ondas electromagnéticas y fotones, pero la cualidad lumínica de la luz es un producto de la interferencia del observador. Lo mismo vale para las vibraciones moleculares de la atmósfera que son percibidas como sonido. De este modo la cualidad de la experiencia depende de la interacción entre la información contenida en la estructura del pre-espacio y un observador sensible. Éste aporta a la información algo que la cualifica (la transforma en qualia), es decir, la impregna de consciencia. Desde el punto de vista de la teoría sintérgica la consciencia no es un subproducto de la actividad cerebral ni un emergente de ella, sino una condición fundamental irreductible a la materia. 

Por extraño que parezca este descubrimiento ratifica el saber ancestral de los grandes iniciados del Anáhuac, quienes supieron desde hace milenios que la realidad última del Universo era un flujo de infinitos filamentos de energía auto consciente. Don Juan lo revela en la saga de Castaneda cuando explica las emanaciones del Águila. Dice así: 

Lo único que puedo decirte es que los filamentos están conscientes de sí mismos, vivos y vibrantes, que hay tantos que los números pierden todo sentido, y que cada uno es una eternidad. ¿Estaría refiriéndose a la lattice? La homología no se agota aquí, sino que abarca la concepción misma de la percepción y otras correspondencias.

Leave a Reply

Dr. Jacobo Grinberg-Zylberbaum 2020