En Orden Implicado, Conciencia y Percepción describimos la interacción entre la estructura del pre-espacio y el campo neuronal generado por el cerebro. Dijimos que el pre-espacio puede ser concebido como la matriz energética e informacional básica del cosmos. Y vimos cómo el “orden implicado” en el pre-espacio se transforma en el “orden desplegado” de la percepción. 

También vimos que la estructura pre-espacial puede ser definida por su coherencia, convergencia e interconectividad, cualidades que aluden a la densidad de información, el grado de integración y la intensidad de la relación mutua de sus componentes. 

Definimos que cuanta mayor es la coherencia, convergencia e interconectividad de una organización informacional mayor será su sintérgia y viceversa. Y que, en el caso del cerebro, esta correlación puede verificarse experimentalmente en el laboratorio mediante registros electro-encefalográficos. 

Pues bien, la organización y el funcionamiento del cerebro presenta un patrón isomórfico con la forma en que está organizada la información en el espacio.4 La corteza cerebral, que es la estructura más evolucionada del cerebro, está formada por unidades funcionales distribuidas en todo su volumen. Estas unidades son circuitos complejos que interconectan capas corticales a través de fibras e interneuronas (hay 16.000 millones de neuronas y que cada una puede tener hasta 10.000 conexiones sinápticas). 

La información ya codificada que viaja por las unidades corticales sufre procesos complejos de integración. En ellos patrones de actividad son reducidos a algoritmos neuronales a través de la activación de circuitos de inclusión por convergencia.5 La convergencia es una medida de integración de información. 

Por su parte la coherencia es una medida de similitud. Cuanto mayor es la similitud funcional entre dos regiones diferentes de la corteza cerebral hay mayor coherencia entre ellas. Esto significa que mantienen un elevado flujo de información y que hay una alta redundancia informacional entre ellas. Por el contrario, una baja coherencia implica un elevado nivel de diferenciación en la información manejada por las neuronas. 

El lóbulo frontal es el polo cerebral de más reciente evolución y tiene conexiones con el resto de la corteza a través de fibras axiónicas de gran longitud. Su alto grado de coherencia está indicando una función especial de coordinación sobre el estado de diferenciación o similitud del resto del cerebro.

Estudios de laboratorio confirman la correlación entre el funcionamiento cerebral y la experiencia subjetiva. A una alta coherencia intra e inter- hemisférica, que unifica la actividad cerebral, corresponde un estado interno de unificación, equilibrio y contacto con el Yo, y viceversa. 

En términos psicofisiológicos el Yo surge cuando el proceso de neuro- algoritmización (es decir, el proceso mediante el cual el cerebro activa patrones de alta concentración informacional y de asignación de significados) ha llegado a un nivel en el que la incorporación de nuevos datos ya no altera la estructura del último algoritmo alcanzado. 

Idealmente hablando, un sujeto alcanza un desarrollo óptimo cuando logra mantener una diferenciación de experiencias sobre un fondo constante de integración del Yo. En otras palabras, cuando es él mismo en cualquier situación y ante diferentes experiencias. 

La teoría sintérgica postula que el cerebro es capaz de crear un campo energético (el campo neuronal) que se irradia a partir de su estructura orgánica y que puede expandirse en el espacio extra craneano. Allí interactúa con la matriz energética del espacio-tiempo, dando lugar a un patrón de interferencia hipercomplejo que constituye la estructura energética de la experiencia. 

El patrón de interferencia es decodificado y transformado en experiencia consciente por el observador a través de la mediación de un “factor de direccionalidad”. Este último interactúa con porciones limitadas del patrón de interferencia y las transforma en experiencias específicas.

Puesto que no existe límite teórico para la expansión del campo neuronal y como el patrón de interferencia permea tanto el interior como el exterior de la estructura orgánica del cerebro, el factor de direccionalidad es capaz de transformar en experiencia consciente cualquier porción del patrón de interferencia dentro y fuera del cerebro. 

Desde este punto de vista las experiencias chamánicas, meditativas y otras implican la capacidad de decodificar zonas extra craneanas del patrón de interferencia generado por el campo neuronal y acceder a niveles no habituales de la realidad.

La cualidad de atemporalidad y la capacidad de trasladarse en el espacio concuerda con lo anterior. Porque una de las posibilidades del factor de direccionalidad es la de focalizarse en diferentes regiones del espacio- tiempo sin que medien intervalos temporales apreciables entre cada una de sus localizaciones. En este sentido la experiencia consciente tiene un comportamiento cuántico. 

Por último, cuando el factor de direccionalidad es capaz de enfocarse sobre el Observador, la experiencia resultante es la del Yo o Self. Correlativamente con esta experiencia es posible registrar en el laboratorio un incremento notable en la coherencia inter-hemisférica. 

Para conceptualizar la experiencia del Yo, el Dr. Grinberg postuló la existencia de un “eje hipotético de unificación”, en el que cada nivel se transforma en un contenido observable del nivel superior inmediato.

Así, en el estudio exhaustivo que realizó de los linajes chamánicos de México, distinguió cinco grados de calificación vinculados al dominio de técnicas y capacidades cada vez más eficaces y complejas: aprendiz, curandero o médico tradicional, psicólogo autóctono, chamán y chamán- nahual. 

El chamán-nahual es el hombre de conocimiento por excelencia, maestro de maestros, creador de nuevos linajes o guía del linaje en el que se formó. Posee el poder y el conocimiento que le permiten ejercer un control total sobre su propia consciencia, sobre la materia, y sobre la mente y la consciencia de los demás. Ejemplos de este nivel serían Juan Matus (de Sonora), María Sabina (de Oaxaca) y Bárbara Guerrero “Pachita” (de ciudad de México). 

Descendiendo por este eje hipotético las capacidades son cada vez más circunscriptas: desde el poder amplio de modificar la materia y el espacio- tiempo, pasando por el acceso a otras realidades de la existencia, hasta aliviar las dolencias físicas y psicológicas, o solamente manejar alguna técnica específica, como la herbolaria o el huesero. Cuánto más alto el nivel, más riguroso el entrenamiento y más intenso el pasaje por una o varias iniciaciones.

Jacobo Grinberg sugiere que la sabiduría del chamán proviene de su capacidad para mantenerse en “la plataforma común y fundamental de sustentación de la consciencia humana”, o, en términos filosóficos, “en contacto con el Ser”, “en el silencio de la mismidad del Yo puro”. 

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Dr. Jacobo Grinberg-Zylberbaum 2020