La figura de esta gran chamana nos llega especialmente a través de la obra de Jacobo Grinberg, aunque existen otros testimonios de su actividad. Pachita había nacido en Parrales en 1900 y, abandonada por sus padres, fue recogida por Charles quien la crió hasta los 15 años. Entonces se hizo soldadera de Pancho Villa y luego se ganó la vida de distintas maneras hasta aceptar sus dones y su misión de sanadora. 

Grinberg trabajó a su lado acompañándola en sus actividades hasta su fallecimiento en 1979. Participó en muchas operaciones, de las miles que ella había realizado con éxito entre la multitud de pacientes que la consultaron cada día durante años.17 

La dinámica de estos encuentros era básicamente similar. Al promediar la tarde unas 60 personas se acumulaban en el vestíbulo de la casa esperando su turno. Primero empezaban las consultas en donde una treintena de ellas era recibida para obtener consejo, consuelo o medicación autóctona. Luego una quincena de pacientes más graves eran operados hasta avanzada la noche. 

Pachita se sentaba frente al altar en actitud recogida, cubierta por un chal especial, hasta que se hacía presente el Hermanito, como ella lo llamaba. Según su explicación ella dejaba que el espíritu de Cuauhtémoc entrara en su cuerpo y realizará las curaciones. Luego de esa llegada el ambiente adquiría una cualidad extraordinaria de reverencia, autoridad y atención, de cuya realidad ninguno de los asistentes dudaba. 

El paciente era recostado en un camastro de tablas después del diagnóstico y Pachita, tomando un cuchillo común de monte abría el cuerpo sin dificultad, removía o extraía el órgano enfermo y lo reemplazaba por otro que, a veces, era materializado de la nada ante la mirada de los presentes. La herida cerraba instantáneamente y el paciente se aliviaba luego de un descanso. 

No había ninguno de los cuidados de asepsia que caracterizan a la cirugía moderna pero no se producían infecciones ni dificultades de ningún tipo. Todos los pacientes sin excepción manifestaban enorme gratitud por la atención recibida y algunos se transformaban en fieles seguidores o asistentes de la chamana. 

En pocas palabras esta era la apariencia fenoménica de lo que sucedía según coinciden los testigos. Personas de todas las clases sociales, profesiones y nacionalidades recurrieron a los servicios de Pachita. 

Según Grinberg lo que vivió junto a Pachita desafiaba todos sus conocimientos médicos y la visión que tenía del mundo. Acicateado por esta contradicción profundizó en sus investigaciones para encontrar una explicación científica de los hechos que presenciaba. En pocas palabras Grinberg consideraba que la capacidad de Pachita para manejar y alterar el espacio-tiempo a voluntad se debía al alto nivel de unificación de su consciencia. 

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Dr. Jacobo Grinberg-Zylberbaum 2020